Ultimamente me pasa que personas que no conocía se acercan para decirme que les gusta lo que escribo, que me leen… “Eres María Malo? Oye yo te sigo! Me encanta lo que escribes”. “María? Anda! Pero si soy super fan de tus textos, qué bonito te expresas…” “He leído tu último Post tres veces y cada vez que lo leo me emociono” ...

Nunca he creído que escribo bien, tampoco lo creo ahora. Escribir es para mi una forma de liberación. Es sacar lo que me está comiendo por dentro para poder verlo y dejarlo ahí donde quien quiera pueda encontrarlo.

Si no lo hago se me hace un nudo que se va haciendo cada vez más grande y se va enredando con otros nudos hasta montarse una maraña llena de fantasmas que vienen a despertarme cuando estoy durmiendo... desde mujeres vestidas con hábito sentadas en mi cama hasta brazos sin cuerpo que intentan ahogarme…

Y claro, como es la vida experimentando a través de mi personaje la que se enmaraña dentro de mi cuerpo, lo que sale cuando escribo tiene mucho que ver con lo que estoy percibiendo en el momento.

Así que escribo para cazar fantasmas, para verme primero, y si luego además te gusta y te sirve para algo pues la celebración es doble.

Me han pedido que haga un Post para el 14 de Febrero, el día de los enamorados, y he contestado que si por mi fuera borraba las fechas marcadas en el calendario y celebrábamos el amor y la vida cada instante mientras nos dure esta existencia tan extraña.

No me interesan los días mundiales, me interesa el mundo todos los días. Y creo que quien te ha querido, te quiere y te va a querer siempre, porque el amor no es algo que empieza y se termina como las relaciones románticas.

Así que si te apetece regalar porque estás enamorado, o por lo que sea, que nadie te diga cuando. Yo aprovecho para dejarte unos cuántos regalos que son tesoros.

“El encuentro entre dos personas es como el contacto entre dos sustancias químicas: si se produce una reacción, las dos se transforman”.

- Carl Jung

Sobre el origen de la San Valentín, he encontrado este cuento;

“Sucedió que en Roma, en el año 270 D.C., el emperador Claudio II publicó un edicto que prohibía el matrimonio. Se basaba en que el Imperio necesitaba soldados y opinaba que los hombres casados se mostraban renuentes a dejar a sus familias para ir a la guerra. Ante el matiz algo demencial de tal ley, Valentín obispo de Interamma, invitó a las parejas de novios a acudir a él en secreto para unirlos en el sacramento del matrimonio. Enterado Claudio II, y ante la imposibilidad de convertir al obispo a la religión de los dioses romanos, mandó apalear, lapidar y finalmente, decapitar a Valentín.

Mientras se encontraba en la cárcel, esperando la ejecución, Valentín se enamoró de Julia, la hija ciega de su carcelero.

En la víspera de su muerte, Valentín le escribió una última carta a Julia, pidiéndole que se mantuviera cerca de Dios y la firmó «De tu Valentín». Valentín fue ejecutado el día siguiente, el 14 de febrero del año 270, cerca de una puerta que más tarde fuera nombrada Puerta de Valentín para honrar su memoria. Fue enterrado en la que es hoy la Iglesia de Praxedes en Roma.”

 

 

Maria Malo